lunes, 5 de abril de 2010
Marcos Ibáñez
(c. 1741-?) Arquitecto español activo en Guatemala. Después de trabajar en las obras de ampliación del Prado de Madrid, recibió el encargo de reconstruir la ciudad de Guatemala, destruida en 1773 por un terremoto, siendo nombrado arquitecto principal. Diseñó el plano de la Nueva Guatemala (1778) y la catedral, trabajando también en el palacio y la Aduana. Las obras fueron continuadas por su ayudante Bernasconi cuando él tuvo que volver a España.
José Agustín Ibáñez
(José Agustín Ibáñez de la Rentería; Bilbao, 1750-Lequeitio, 1826) Escritor español. Bajo el influjo de Montesquieu, redactó sus Discursos (1780-1783), en los que aboga por las libertades municipales y defiende el empleo de la lengua nacional contra al latín. Es autor del apólogo político El raposo (1789) y de la obra Memorial histórico (1798), en el que refiere su participación en la guerra contra los franceses (1793-1795).
Francisco Ibáñez
(Barcelona, 1936) Dibujante y guionista de cómics español, «padre» de los célebres Mortadelo y Filemón. Francisco Ibáñez Talavera nació en Barcelona el 15 de marzo de 1936. El hecho de que ya desde muy pequeño tuviera una clara afición por los cómics quedó reflejado cuando a los siete años de edad publicó su primer dibujo en la revista Chicos, una publicación de historietas de aventuras destinada a lectores infantiles y juveniles, aunque fuera en la sección «Colaboraciones de nuestros lectores».
De amateur a profesional
Ibáñez, que siempre mostró interés y se declaró seguidor de autores como Escobar, Peñarroya o Franquin, empezó a trabajar como botones a muy temprana edad. Mientras dibujaba y empezaba a publicar sus primeras historietas como profesional en 1956 en revistas como La Rosa o Paseo Infantil, seguía trabajando en el Banco Español de Crédito, ya como oficinista.
A pesar de los consejos de su familia, que tenía muy claro que un trabajo en un banco en los años cincuenta era como ejercer de funcionario por la seguridad laboral y económica que representaba, Francisco Ibáñez decidió abandonar la oficina y ejercer a tiempo completo como guionista y dibujante de cómics.
Francisco Ibáñez
En 1957 empezó a colaborar en la ya popular Editorial Bruguera, empresa editora de «Zipi y Zape», «La familia Cebolleta», «Doña Urraca», «El reportero Tribulete» o «Don Pío», en la que hasta ese momento trabajaban historietistas como Escobar, Peñarroya, Conti, Cifré, Vázquez o Jorge, autores que consiguieron burlar la censura de la época con historias costumbristas y críticas, y que fueron el origen de lo que se ha dado en llamar Escuela Bruguera.
En realidad, tanto Ibáñez como otros autores que le acompañaron en la para ellos nueva singladura de Bruguera (Raf, Gin o Segura) se convirtieron muy pronto en imprescindibles, en parte por la decisión de algunos de los creadores ya citados de abandonar Editorial Bruguera para fundar su propia empresa y editar sus propios tebeos.
Mortadelo y Filemón
En la conocida como «época dorada» de la historieta en España, Ibáñez empezó dibujando chistes y algunas historietas sin personaje fijo, hasta que en 1958 se le ocurrió crear a una pareja de detectives privados muy particulares, a los que bautizó como Mortadelo y Filemón.
Publicada inicialmente en la revista Pulgarcito, «Mortadelo y Filemón» fue al principio una especie de parodia de Sherlock Holmes y el Dr. Watson, incluida parte de la indumentaria de los mismos, pero muy pronto abandonaron sombrero de fieltro y pipa y tomaron la forma y los ropajes por lo que son reconocidos hoy en día: camisa blanca y pantalones rojos para Filemón; levita negra hasta el cuello para Mortadelo.
El Súper, Filemón y Mortadelo
El esquema básico de la personalidad de los dos investigadores fue, en esencia, el mismo desde sus inicios: Filemón era, en teoría, el jefe y responsable del dúo, aunque le podía más su buena voluntad que su acierto y acabara siempre recibiendo los más sonoros tortazos por culpa de su compañero; Mortadelo era el personaje con una personalidad más marcada desde el principio; listo, hábil y rápido con los disfraces, era el elemento que provocaba los gags y que casi siempre acababa perseguido por su «amado jefe».
Personajes icono
La serie fue muy bien recibida por los lectores casi desde el principio, pero fue en 1969, con el nacimiento de la revista Gran Pulgarcito y la iniciativa de publicar por entregas historias largas (sus aventuras hasta entonces eran de una o dos páginas), cuando Mortadelo y Filemón empezaron a convertirse en el mito popular que son hoy en día.
Su primera historia larga, El sulfato atómico, muy bien planificada y dibujada, confirmó a Ibáñez como autor de éxito, al tiempo que inauguró la Colección Olé de Bruguera. A partir de ese momento, Mortadelo y Filemón se hicieron definitivamente con el favor de los lectores de todas las edades, y su serie recibió en 1969, 1974, 1975 y 1976 el Aro de Oro a los personajes infantiles más populares.
Una clara muestra del espectacular éxito de la serie fue el nacimiento en 1970 de la revista Mortadelo, a la que seguirían otras publicaciones como Mortadelo Especial, Mortadelo Gigante y Súper Mortadelo. En aquel momento, Ibáñez ya había dotado a la serie de sus constantes más conocidas: Mortadelo y Filemón trabajaban para la T.I.A. (Técnicos de Investigación Aeroterráquea) a las órdenes del Súper, y tenían que soportar los estrafalarios inventos del Profesor Bacterio, responsable por otra parte de la calvicie de Mortadelo, víctima de uno de sus errores «tecnológicos». Ofelia, la secretaria del Súper, apareció algún tiempo después.
Pero la popularidad de Francisco Ibáñez no se cimentó exclusivamente en «Mortadelo y Filemón». Autor prolífico, Ibáñez creó varias series, entre las que destacan «La familia Trapisonda, un grupito que es la monda» (nacida en las páginas de El DDT en 1959); «13, rue del Percebe» (otra de sus series más conocidas, realizada con una gran riqueza de detalles y creada para Tío Vivo en 1961); «El botones Sacarino» (serie que fue adaptada para la televisión a fines de los años noventa y que nació, según Ibáñez, como fruto de su propia experiencia como botones, en las páginas de El DDT en 1963); «Rompetechos» (del que Ibáñez ha dicho repetidamente que es su personaje favorito y su álter ego, iniciada en Tío Vivo en 1964), y «Pepe Gotera y Otilio, chapuzas a domicilio» (Tío Vivo, 1966), entre muchas otras.
El cierre de Bruguera
Ibáñez trabajó simultáneamente en varias series, con una dedicación especial hacia «Mortadelo y Filemón», hasta que en 1985, un año antes del cierre de Editorial Bruguera, y por desavenencias con la dirección de esta empresa decidió buscar otra editorial en la que publicar.
En aquel momento, y a la espera de lo que pudiera ocurrir con la propiedad de sus series, que contractualmente pertenecían a Bruguera, Ibáñez llegó a un acuerdo con Ediciones Grijalbo para crear «Chicha, Tato y Clodoveo, de profesión sin empleo», que, de alguna manera, mostraba una realidad social, y «7 Rebolling Street», un claro remedo de «13, rue del Percebe», que empezaron a publicarse en la revista Guai! y posteriormente en forma de álbumes.
Durante dos años, Ibáñez desarrolló estas series, hasta que en 1988 nació Ediciones B, que se hizo con todo el fondo editorial de Bruguera. Ediciones B e Ibáñez llegaron a un acuerdo y el creador de Mortadelo y Filemón regresó a los personajes que lo lanzaron a la fama, para quedarse ya definitivamente con ellos y concentrarse en la realización de nuevos álbumes. Los tiempos habían cambiado, e Ibáñez reflejaba los cambios sociales y políticos a su manera, en historias largas publicadas ya directamente como libros que parodiaban situaciones de candente actualidad.
Desde ese momento, Mortadelo y Filemón compartieron sus aventuras con personajes como Juanito Batalla (Juan Guerra), Rulfián (Luis Roldán) o con caricaturas de los políticos más importantes del momento, como Jordi Pujol, Narcís Serra, Felipe González o Pasqual Maragall. Igualmente, Ibáñez acudió a temas coyunturales, como parodias de películas, mundiales de fútbol, elecciones políticas, juegos olímpicos, el euro o sátiras de populares programas de televisión para ambientar las andanzas de los agentes de la T.I.A.
Ibáñez escribe y dibuja seis álbumes de «Mortadelo y Filemón» al año (ha publicado 150 títulos diferentes), y sus creaciones han sido adaptadas a otros medios, como los juegos para PC o los dibujos animados. El éxito del que han disfrutado en España Mortadelo y Filemón ha corrido parejo a su expansión internacional, ya que la serie se ha publicado en países como Alemania, Brasil, Portugal, Dinamarca, Italia, Grecia, Finlandia, Suecia o Francia. Y en 2003 llegó la película, una versión con actores de carne y hueso de sus personajes más conocidos.
Los agentes de la T.I.A. en imagen real
La gran aventura de Mortadelo y Filemón se estrenó en febrero de 2003 y en pocas semanas consiguió convertirse en una de las películas más taquilleras de la historia del cine español. Javier Fresser, su director, supo transmitir el espíritu de la serie en los cómics consiguiendo un verdadero «tebeo en imágenes» con la ayuda de su talento y de unos estupendos efectos especiales que reproducían perfectamente los tortazos, vuelos y carreras de los personajes de papel.
Parte del éxito de la película se debió, sin duda, a la estupenda caracterización que de Mortadelo y Filemón hicieron los actores Benito Pocino y Pepe Viyuela, respectivamente. La gran aventura de Mortadelo y Filemón incluyó, además, una aparición estelar de un convincente Rompetechos (interpretado por el actor Emilio Gavira) y un homenaje a la serie «13, rue del Percebe». El propio Ibáñez se mostró encantado con el resultado final de la película.
La ya larga trayectoria profesional de Francisco Ibáñez se ha visto reconocida en estos últimos años con el Gran Premio del Salón del Cómic de Barcelona, que le fue concedido en 1994 y, más recientemente, con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en 2002. En 2003 Ibáñez continuaba dedicado en cuerpo y alma a escribir y dibujar sus álbumes de Mortadelo y Filemón y demostrando que seguía siendo uno de los autores de cómics más populares de todos los tiempos, como lo certificaba el hecho de sus obras siguieran figurando entre las más vendidas en la Feria del Libro de Madrid.
De amateur a profesional
Ibáñez, que siempre mostró interés y se declaró seguidor de autores como Escobar, Peñarroya o Franquin, empezó a trabajar como botones a muy temprana edad. Mientras dibujaba y empezaba a publicar sus primeras historietas como profesional en 1956 en revistas como La Rosa o Paseo Infantil, seguía trabajando en el Banco Español de Crédito, ya como oficinista.
A pesar de los consejos de su familia, que tenía muy claro que un trabajo en un banco en los años cincuenta era como ejercer de funcionario por la seguridad laboral y económica que representaba, Francisco Ibáñez decidió abandonar la oficina y ejercer a tiempo completo como guionista y dibujante de cómics.
Francisco Ibáñez
En 1957 empezó a colaborar en la ya popular Editorial Bruguera, empresa editora de «Zipi y Zape», «La familia Cebolleta», «Doña Urraca», «El reportero Tribulete» o «Don Pío», en la que hasta ese momento trabajaban historietistas como Escobar, Peñarroya, Conti, Cifré, Vázquez o Jorge, autores que consiguieron burlar la censura de la época con historias costumbristas y críticas, y que fueron el origen de lo que se ha dado en llamar Escuela Bruguera.
En realidad, tanto Ibáñez como otros autores que le acompañaron en la para ellos nueva singladura de Bruguera (Raf, Gin o Segura) se convirtieron muy pronto en imprescindibles, en parte por la decisión de algunos de los creadores ya citados de abandonar Editorial Bruguera para fundar su propia empresa y editar sus propios tebeos.
Mortadelo y Filemón
En la conocida como «época dorada» de la historieta en España, Ibáñez empezó dibujando chistes y algunas historietas sin personaje fijo, hasta que en 1958 se le ocurrió crear a una pareja de detectives privados muy particulares, a los que bautizó como Mortadelo y Filemón.
Publicada inicialmente en la revista Pulgarcito, «Mortadelo y Filemón» fue al principio una especie de parodia de Sherlock Holmes y el Dr. Watson, incluida parte de la indumentaria de los mismos, pero muy pronto abandonaron sombrero de fieltro y pipa y tomaron la forma y los ropajes por lo que son reconocidos hoy en día: camisa blanca y pantalones rojos para Filemón; levita negra hasta el cuello para Mortadelo.
El Súper, Filemón y Mortadelo
El esquema básico de la personalidad de los dos investigadores fue, en esencia, el mismo desde sus inicios: Filemón era, en teoría, el jefe y responsable del dúo, aunque le podía más su buena voluntad que su acierto y acabara siempre recibiendo los más sonoros tortazos por culpa de su compañero; Mortadelo era el personaje con una personalidad más marcada desde el principio; listo, hábil y rápido con los disfraces, era el elemento que provocaba los gags y que casi siempre acababa perseguido por su «amado jefe».
Personajes icono
La serie fue muy bien recibida por los lectores casi desde el principio, pero fue en 1969, con el nacimiento de la revista Gran Pulgarcito y la iniciativa de publicar por entregas historias largas (sus aventuras hasta entonces eran de una o dos páginas), cuando Mortadelo y Filemón empezaron a convertirse en el mito popular que son hoy en día.
Su primera historia larga, El sulfato atómico, muy bien planificada y dibujada, confirmó a Ibáñez como autor de éxito, al tiempo que inauguró la Colección Olé de Bruguera. A partir de ese momento, Mortadelo y Filemón se hicieron definitivamente con el favor de los lectores de todas las edades, y su serie recibió en 1969, 1974, 1975 y 1976 el Aro de Oro a los personajes infantiles más populares.
Una clara muestra del espectacular éxito de la serie fue el nacimiento en 1970 de la revista Mortadelo, a la que seguirían otras publicaciones como Mortadelo Especial, Mortadelo Gigante y Súper Mortadelo. En aquel momento, Ibáñez ya había dotado a la serie de sus constantes más conocidas: Mortadelo y Filemón trabajaban para la T.I.A. (Técnicos de Investigación Aeroterráquea) a las órdenes del Súper, y tenían que soportar los estrafalarios inventos del Profesor Bacterio, responsable por otra parte de la calvicie de Mortadelo, víctima de uno de sus errores «tecnológicos». Ofelia, la secretaria del Súper, apareció algún tiempo después.
Pero la popularidad de Francisco Ibáñez no se cimentó exclusivamente en «Mortadelo y Filemón». Autor prolífico, Ibáñez creó varias series, entre las que destacan «La familia Trapisonda, un grupito que es la monda» (nacida en las páginas de El DDT en 1959); «13, rue del Percebe» (otra de sus series más conocidas, realizada con una gran riqueza de detalles y creada para Tío Vivo en 1961); «El botones Sacarino» (serie que fue adaptada para la televisión a fines de los años noventa y que nació, según Ibáñez, como fruto de su propia experiencia como botones, en las páginas de El DDT en 1963); «Rompetechos» (del que Ibáñez ha dicho repetidamente que es su personaje favorito y su álter ego, iniciada en Tío Vivo en 1964), y «Pepe Gotera y Otilio, chapuzas a domicilio» (Tío Vivo, 1966), entre muchas otras.
El cierre de Bruguera
Ibáñez trabajó simultáneamente en varias series, con una dedicación especial hacia «Mortadelo y Filemón», hasta que en 1985, un año antes del cierre de Editorial Bruguera, y por desavenencias con la dirección de esta empresa decidió buscar otra editorial en la que publicar.
En aquel momento, y a la espera de lo que pudiera ocurrir con la propiedad de sus series, que contractualmente pertenecían a Bruguera, Ibáñez llegó a un acuerdo con Ediciones Grijalbo para crear «Chicha, Tato y Clodoveo, de profesión sin empleo», que, de alguna manera, mostraba una realidad social, y «7 Rebolling Street», un claro remedo de «13, rue del Percebe», que empezaron a publicarse en la revista Guai! y posteriormente en forma de álbumes.
Durante dos años, Ibáñez desarrolló estas series, hasta que en 1988 nació Ediciones B, que se hizo con todo el fondo editorial de Bruguera. Ediciones B e Ibáñez llegaron a un acuerdo y el creador de Mortadelo y Filemón regresó a los personajes que lo lanzaron a la fama, para quedarse ya definitivamente con ellos y concentrarse en la realización de nuevos álbumes. Los tiempos habían cambiado, e Ibáñez reflejaba los cambios sociales y políticos a su manera, en historias largas publicadas ya directamente como libros que parodiaban situaciones de candente actualidad.
Desde ese momento, Mortadelo y Filemón compartieron sus aventuras con personajes como Juanito Batalla (Juan Guerra), Rulfián (Luis Roldán) o con caricaturas de los políticos más importantes del momento, como Jordi Pujol, Narcís Serra, Felipe González o Pasqual Maragall. Igualmente, Ibáñez acudió a temas coyunturales, como parodias de películas, mundiales de fútbol, elecciones políticas, juegos olímpicos, el euro o sátiras de populares programas de televisión para ambientar las andanzas de los agentes de la T.I.A.
Ibáñez escribe y dibuja seis álbumes de «Mortadelo y Filemón» al año (ha publicado 150 títulos diferentes), y sus creaciones han sido adaptadas a otros medios, como los juegos para PC o los dibujos animados. El éxito del que han disfrutado en España Mortadelo y Filemón ha corrido parejo a su expansión internacional, ya que la serie se ha publicado en países como Alemania, Brasil, Portugal, Dinamarca, Italia, Grecia, Finlandia, Suecia o Francia. Y en 2003 llegó la película, una versión con actores de carne y hueso de sus personajes más conocidos.
Los agentes de la T.I.A. en imagen real
La gran aventura de Mortadelo y Filemón se estrenó en febrero de 2003 y en pocas semanas consiguió convertirse en una de las películas más taquilleras de la historia del cine español. Javier Fresser, su director, supo transmitir el espíritu de la serie en los cómics consiguiendo un verdadero «tebeo en imágenes» con la ayuda de su talento y de unos estupendos efectos especiales que reproducían perfectamente los tortazos, vuelos y carreras de los personajes de papel.
Parte del éxito de la película se debió, sin duda, a la estupenda caracterización que de Mortadelo y Filemón hicieron los actores Benito Pocino y Pepe Viyuela, respectivamente. La gran aventura de Mortadelo y Filemón incluyó, además, una aparición estelar de un convincente Rompetechos (interpretado por el actor Emilio Gavira) y un homenaje a la serie «13, rue del Percebe». El propio Ibáñez se mostró encantado con el resultado final de la película.
La ya larga trayectoria profesional de Francisco Ibáñez se ha visto reconocida en estos últimos años con el Gran Premio del Salón del Cómic de Barcelona, que le fue concedido en 1994 y, más recientemente, con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en 2002. En 2003 Ibáñez continuaba dedicado en cuerpo y alma a escribir y dibujar sus álbumes de Mortadelo y Filemón y demostrando que seguía siendo uno de los autores de cómics más populares de todos los tiempos, como lo certificaba el hecho de sus obras siguieran figurando entre las más vendidas en la Feria del Libro de Madrid.
Narciso Ibáñez Serrador
(Montevideo, 1935) Director de cine uruguayo, afincado en España. Se trasladó a España en 1947; a los 18 años terminó el Bachillerato en Salamanca y se lanzó a una vida de aventuras que le llevó a recorrer medio mundo. Pasado un tiempo, regresó a España e ingresó en la compañía de teatro de su madre, donde recorrió todos los puestos posibles: maquinista, electricista, apuntador... En 1951 hizo su debut como actor en un pequeño papel de Filomena Maturano y se lanzó a una intensísima formación para adquirir experiencia y dominio. Llegó a estrenar en tres años más de treinta títulos.
Narciso Ibáñez Serrador
Se inició como director presentando El zoo de cristal de Tennessee Williams en el teatro Windsor de Barcelona. Escribió novelas radiofónicas y en 1957 estrenó su primera comedia, llamada Obsesión. Desde entonces firma todos sus trabajos literarios con el seudónimo de Luis Peñafiel. Atraído por la televisión, entró en ella aplicando sus experiencias como autor, director y actor de teatro, y escribió, realizó e intervino en infinidad de programas de todo tipo. En 1968 fue nombrado Director de Programas para el Exterior de Televisión Española, y en 1974 fue nombrado Director de Programas de Televisión Española.
Entre sus programas para televisión más conocidos figuran Obras maestras del terror, Cuentos para mayores, Estudio 3, Mañana puede ser verdad, Historias para no dormir, Historias de la frivolidad, 1 2 3 responda otra vez, Hablemos de sexo y Luz roja. El semáforo, con la fórmula televisiva de mostrar artistas (o aspirantes a artistas) anónimos, lleno de sentido del humor, fue una de sus últimas propuestas televisivas antes de abordar, de nuevo, en diciembre de 2003 el mítico 1 2 3, apedillado en esta ocasión ¡A leer esta vez!
En cine ha dirigido dos películas: La residencia (Premio a la mejor película, Taormina 1976) y ¿Quién puede matar a un niño? (Segundo Premio a la mejor película, Avoriaz 1976). En 2000 recibió el Premio Lope de Vega, dotado con dos millones de pesetas, por su obra El águila en la niebla. Ibáñez Serrador donó el premio a la Fundación Casa del Actor. Un año después, fue distinguido con el Premio Toda una Vida de la Academia de las Ciencias y las Artes de Televisión (ATV). Reconocido en cuatro ocasiones con el Premio Ondas, en 2003 y con motivo del 50 aniversario de la institución de los galardones, recibió el Ondas de Oro a su trayectoria profesional.
Narciso Ibáñez Serrador
Se inició como director presentando El zoo de cristal de Tennessee Williams en el teatro Windsor de Barcelona. Escribió novelas radiofónicas y en 1957 estrenó su primera comedia, llamada Obsesión. Desde entonces firma todos sus trabajos literarios con el seudónimo de Luis Peñafiel. Atraído por la televisión, entró en ella aplicando sus experiencias como autor, director y actor de teatro, y escribió, realizó e intervino en infinidad de programas de todo tipo. En 1968 fue nombrado Director de Programas para el Exterior de Televisión Española, y en 1974 fue nombrado Director de Programas de Televisión Española.
Entre sus programas para televisión más conocidos figuran Obras maestras del terror, Cuentos para mayores, Estudio 3, Mañana puede ser verdad, Historias para no dormir, Historias de la frivolidad, 1 2 3 responda otra vez, Hablemos de sexo y Luz roja. El semáforo, con la fórmula televisiva de mostrar artistas (o aspirantes a artistas) anónimos, lleno de sentido del humor, fue una de sus últimas propuestas televisivas antes de abordar, de nuevo, en diciembre de 2003 el mítico 1 2 3, apedillado en esta ocasión ¡A leer esta vez!
En cine ha dirigido dos películas: La residencia (Premio a la mejor película, Taormina 1976) y ¿Quién puede matar a un niño? (Segundo Premio a la mejor película, Avoriaz 1976). En 2000 recibió el Premio Lope de Vega, dotado con dos millones de pesetas, por su obra El águila en la niebla. Ibáñez Serrador donó el premio a la Fundación Casa del Actor. Un año después, fue distinguido con el Premio Toda una Vida de la Academia de las Ciencias y las Artes de Televisión (ATV). Reconocido en cuatro ocasiones con el Premio Ondas, en 2003 y con motivo del 50 aniversario de la institución de los galardones, recibió el Ondas de Oro a su trayectoria profesional.
Francisco Ibáñez Peralta
(Madrid, 1644 - Lima, 1712) Gobernador de Chile. Por las influencias de su familia en la corte, logró ser nombrado gobernador de Chile, cargo en el que permaneció entre 1700 y 1709, sucediendo a Tomás Marín de Poveda. Su despreocupada gestión ensombreció la primera mitad de la Colonia. Hombre inteligente, enérgico y realista, no fue a Chile a gobernar, sino a hacer fortuna.
Se destacó por actuaciones arbitrarias, que se llevaron a cabo ya desde su llegada a Chile, cuando se negó a jurar como gobernador ante el calbildo, oponiéndose a una ceremonia legal y tradicional. Adquirió propiedades que más tarde se negó a cancelar. Vendió los cargos públicos, guardando para sí el dinero obtenido. Sus actuaciones provocaron sublevaciones entre los soldados y oficiales del ejército del sur, que, bajo la enseña "Viva el rey, muera el mal gobierno", estuvieron a punto de generar una guerra civil. Los disturbios más violentos se dieron en febrero de 1703.
Ibáñez intentó entrar en tratos con los cabecillas que se habían acogido al asilo de las iglesias, les ofreció indulto por escrito y, una vez entregados, traicionó lo pactado y los hizo matar mediante pena del garrote. Al contrabando practicado por los navíos holandeses e ingleses, se sumó el francés, en cierta medida consentido por la corona, dado que Francia era aliada de España. Además se incrementó el comercio ilegal desde Buenos Aires.
Las innumerables acusaciones levantadas en contra suya movieron finalmente a Felipe V a relevarlo. Aunque su gobierno terminó en 1709, continuó en el país preocupado por incrementar su fortuna hasta que el nuevo gobernador, Juan Andrés de Ustáriz, lo obligó a abandonar el reino en 1712. Pobre, desprestigiado y solo, ingresó en la Compañía de Jesús.
Se destacó por actuaciones arbitrarias, que se llevaron a cabo ya desde su llegada a Chile, cuando se negó a jurar como gobernador ante el calbildo, oponiéndose a una ceremonia legal y tradicional. Adquirió propiedades que más tarde se negó a cancelar. Vendió los cargos públicos, guardando para sí el dinero obtenido. Sus actuaciones provocaron sublevaciones entre los soldados y oficiales del ejército del sur, que, bajo la enseña "Viva el rey, muera el mal gobierno", estuvieron a punto de generar una guerra civil. Los disturbios más violentos se dieron en febrero de 1703.
Ibáñez intentó entrar en tratos con los cabecillas que se habían acogido al asilo de las iglesias, les ofreció indulto por escrito y, una vez entregados, traicionó lo pactado y los hizo matar mediante pena del garrote. Al contrabando practicado por los navíos holandeses e ingleses, se sumó el francés, en cierta medida consentido por la corona, dado que Francia era aliada de España. Además se incrementó el comercio ilegal desde Buenos Aires.
Las innumerables acusaciones levantadas en contra suya movieron finalmente a Felipe V a relevarlo. Aunque su gobierno terminó en 1709, continuó en el país preocupado por incrementar su fortuna hasta que el nuevo gobernador, Juan Andrés de Ustáriz, lo obligó a abandonar el reino en 1712. Pobre, desprestigiado y solo, ingresó en la Compañía de Jesús.
Adolfo Ibáñez Gutiérrez
(Santiago, 1827 -1898) Político chileno. Se tituló de abogado en 1852. Desempeñó cargos judiciales durante el gobierno de Manuel Montt, iniciando sus labores profesionales en La Serena como secretario y relator de la Corte de Apelaciones.
En 1855 se trasladó al juzgado de letras de Chiloé, y al año siguiente se desempeñó como juez del crimen y de letras de Valparaíso. Su notable capacidad le permitió agregar a sus labores judiciales las diplomáticas, por lo que en el gobierno de Federico Errázuriz Zañartu fue nombrado encargado de negocios y luego, en 1871, ministro plenipotenciario en Perú.
Fue el primer ministro de Relaciones Exteriores de Chile, cargo que desempeñó entre 1871 y 1875. Esta responsabilidad era central en aquella época, pues las relaciones internacionales de Chile pasaban por momentos críticos. Existía un ambiente de enemistad con Perú y Bolivia, que podía llevar a la guerra en cualquier momento.
No menos grave era la situación con Argentina, que había deshauciado el tratado de paz y amistad de 1856 y reclamaba derechos sobre la Patagonia. Ibáñez era partidario de un arbitraje, porque estimaba que Chile contaba con los títulos históricos suficientes. Con sus ideas debió asumir la defensa de los derechos de Chile sobre toda la Patagonia, en oposición al acuerdo del gobierno de Chile de ceder a Argentina unos 700.000 km2 por considerar la zona inhóspita e infecunda. El tratado, según el cual Chile renunciaba a sus derechos históricos sobre la Patagonia, fue firmado el 28 de julio de 1881 al término del gobierno de Aníbal Pinto.
Con su gran conocimiento del tema, previó en sus informes el desequilibrio que se creaba en el extremo austral del continente y los problemas que este hecho podría acarrear. Fruto de su experiencia escribió La diplomacia chileno-argentina. Su carrera pública continuó al ser nombrado ministro plenipotenciario en Estados Unidos. Entre 1876 y 1882 se desempeñó como senador por Valdivia. Posteriormente fue senador por Santiago entre 1882 y 1888. Bajo el gobierno de José Manuel Balmaceda, en 1890 fue nombrado ministro del Interior.
Durante la guerra civil de 1891 apoyó la causa balmacedista, razón por la cual fue perseguido y su casa saqueada, por lo que tuvo que emigrar a Argentina. Allí se le reconoció su título de abogado, se hizo miembro de la Sociedad Geográfica Argentina y del Ateneo Literario. En 1895 regresó a Chile, y al año siguiente se desempeñó como ministro de Justicia e Instrucción Pública, bajo la presidencia de Federico Errázuriz Echaurren.
En 1855 se trasladó al juzgado de letras de Chiloé, y al año siguiente se desempeñó como juez del crimen y de letras de Valparaíso. Su notable capacidad le permitió agregar a sus labores judiciales las diplomáticas, por lo que en el gobierno de Federico Errázuriz Zañartu fue nombrado encargado de negocios y luego, en 1871, ministro plenipotenciario en Perú.
Fue el primer ministro de Relaciones Exteriores de Chile, cargo que desempeñó entre 1871 y 1875. Esta responsabilidad era central en aquella época, pues las relaciones internacionales de Chile pasaban por momentos críticos. Existía un ambiente de enemistad con Perú y Bolivia, que podía llevar a la guerra en cualquier momento.
No menos grave era la situación con Argentina, que había deshauciado el tratado de paz y amistad de 1856 y reclamaba derechos sobre la Patagonia. Ibáñez era partidario de un arbitraje, porque estimaba que Chile contaba con los títulos históricos suficientes. Con sus ideas debió asumir la defensa de los derechos de Chile sobre toda la Patagonia, en oposición al acuerdo del gobierno de Chile de ceder a Argentina unos 700.000 km2 por considerar la zona inhóspita e infecunda. El tratado, según el cual Chile renunciaba a sus derechos históricos sobre la Patagonia, fue firmado el 28 de julio de 1881 al término del gobierno de Aníbal Pinto.
Con su gran conocimiento del tema, previó en sus informes el desequilibrio que se creaba en el extremo austral del continente y los problemas que este hecho podría acarrear. Fruto de su experiencia escribió La diplomacia chileno-argentina. Su carrera pública continuó al ser nombrado ministro plenipotenciario en Estados Unidos. Entre 1876 y 1882 se desempeñó como senador por Valdivia. Posteriormente fue senador por Santiago entre 1882 y 1888. Bajo el gobierno de José Manuel Balmaceda, en 1890 fue nombrado ministro del Interior.
Durante la guerra civil de 1891 apoyó la causa balmacedista, razón por la cual fue perseguido y su casa saqueada, por lo que tuvo que emigrar a Argentina. Allí se le reconoció su título de abogado, se hizo miembro de la Sociedad Geográfica Argentina y del Ateneo Literario. En 1895 regresó a Chile, y al año siguiente se desempeñó como ministro de Justicia e Instrucción Pública, bajo la presidencia de Federico Errázuriz Echaurren.
Carlos Ibáñez del Campo
(Linares, 1877 - Santiago de Chile, 1960) Militar y político chileno. Realizó sus estudios en la escuela pública y en el Liceo de Hombres de Linares. En 1896 ingresó en la Escuela Militar, de la cual egresó con el grado de alférez de caballería en 1898, iniciando una carrera militar que lo llevaría a ocupar altos cargos en el ejército y en el gobierno del país: participó en dos golpes de Estado (1924 y 1925), y llegó a ocupar la presidencia de la República en dos oportunidades.
En 1903, ingresó como alumno en la Academia de Guerra. Ese mismo año fue destinado en la misión militar chilena en El Salvador. Posteriormente desempeñó en Chile los cargos de director de la Escuela de Carabineros en 1918, prefecto de policía de Iquique (1919-1920) y director de la Escuela de Caballería (1921). Siendo mayor del ejército formó parte del comité militar creado para presentar las preocupaciones militares ante el gobierno, y en esa condición participó en los pronunciamientos del 5 de septiembre de 1924 y del 23 de enero de 1925. Ascendió a teniente coronel y a coronel rápidamente a raíz de este último pronunciamiento, en el cual se llamó de nuevo a Arturo Alessandri para que completara su período presidencial y se emprendiera la reforma de la Constitución de 1833. Alessandri designó a Ibáñez en la cartera de Guerra.
No tardó en producirse la ruptura entre el presidente y su ministro de Guerra que, junto con otros hechos, condujo a la renuncia de Alessandri y a su reemplazo por el vicepresidente Luis Barros Borgoño, del cual Ibáñez continuó siendo ministro de Guerra. La gestión de Barros Borgoño sólo duró dos meses, y en diciembre de 1925 fue elegido presidente de la República Emiliano Figueroa: Ibáñez continuó con su cartera ministerial.
De este cargo pasó a ministro de Interior, lo que le llevó a la vicepresidencia de la República cuando Figueroa decidió renunciar. Aceptada la renuncia por el Congreso, Ibáñez convocó a elecciones presidenciales. Desbaratados los partidos políticos, desorganizadas las fuerzas obreras y cansada la opinión pública de gobiernos débiles, el coronel Ibáñez fue el único candidato. Triunfó sin competidor con el 98% de los votantes. Tomó posesión del mando el 21 de julio de 1927, a la edad de 50 años.
Después de cuatro años de trastornos políticos y sociales, la principal preocupación de Ibáñez en el gobierno fue el "restablecimiento del orden", por lo cual reprimió con energía cualquier intento opositor. Designó en el Ejército y la Armada a hombres de su confianza, con lo que se aseguró el respaldo de las Fuerzas Armadas, y deportó a políticos y dirigentes de tendencias diversas. Si bien su ideología era más bien conservadora, no tenía compromisos con los partidos políticos. Como parte de su preocupación por el orden público dictaminó la formación de Carabineros de Chile y organizó los servicios de investigaciones, dando especial importancia a la sección de policía política.
Se estableció una división territorial de la República en sólo 16 provincias, suprimiéndose pues siete de las existentes. Se creó la Contraloría General de la República y la Dirección General de Aprovisionamiento del Estado. El Congreso se dejó avasallar y permitió que el ministro de Hacienda ejercitara su exclusiva acción en materia de gastos, reorganización de la administración pública y fijación de sueldos. Permitió, además, que para el siguiente período parlamentario se designara un Congreso dócil al Ejecutivo, el "Congreso Termal", que resultó todavía más débil que el anterior: concedió autorización para que la presidencia dictara todas las disposiciones legales de carácter administrativo y económico que exigiera la buena marcha del Estado.
Disponiendo de amplias atribuciones, el gobierno pudo realizar un vasto plan de inversiones en obras públicas, como ferrocarriles, obras de regadío y de puertos, alcantarillado, agua potable, cárceles, escuelas, la casa presidencial de Viña del Mar, el Ministerio de Hacienda, etc. Además aumentó el sueldo de las Fuerzas Armadas y adquirió nuevo armamento.
En el plano educacional se creó la Dirección General de Educación Secundaria, que tomó a su cargo los liceos, hasta ese momento dependientes de la Universidad de Chile. En el orden internacional, uno de los aspectos más relevantes fue la firma del tratado de Lima (1929), por el cual se ponía fin al problema existente desde los días de la guerra del Pacífico (1879-1883) en torno a la soberanía de las provincias de Tacna y Arica. En virtud de dicho tratado, Tacna quedó bajo la soberanía de Perú, y Arica, de Chile.
El problema mayor del gobierno fue la necesidad de solucionar la crisis económica mundial del 1929, especialmente en lo relativo a la baja en las ventas de salitre, del cual Chile era el principal productor mundial. Para ello se formó la Corporación del Salitre de Chile (COSACH), en la cual figuraban como socios el fisco y las compañías salitreras. Con estas medidas, el gobierno esperaba poder pagar los créditos que había contratado para financiar el programa de obras públicas. La crisis determinó la caída del régimen. Un movimiento de opinión unió a los profesionales, empleados, estudiantes y obreros que pedían el restablecimiento de las libertades públicas, lo que fue respondido con una fuerte represión.
Finalmente presionado por el clamor popular, el 26 de julio de 1931 lbáñez renunció y se refugió en Argentina. El presidente del senado, Pedro Opazo Letelier, asumió como vicepresidente por algunas horas, en las cuales designó un gabinete presidido por el catedrático radical Juan Esteban Montero, quien, a su vez, en su calidad de ministro del Interior pasó a ocupar la vicepresidencia de la República.
La segunda administración de Ibáñez comprende de 1952 a 1958. Pese a contar con 75 años su candidatura despertó gran entusiasmo en la población: fue llamado "El General de la Esperanza", ya que prometía sacar al país de la falsa democracia a la que se había visto abocado por el gobierno de Gabriel González Videla. Ibáñez tenía en su contra varios factores: su pasado involucionista y dictatorial, su ideología conservadora con matices fascistas y su admiración por el dictador argentino Juan Domingo Perón. Sin embargo, en las elecciones de 1952, obtuvo los votos necesarios para acceder de nuevo a la primera magistratura de Chile.
A pesar de las dificultades que el mandatario debió afrontar, derivadas de la mala situación económica del país (asociada a la crisis en el precio del cobre, por el término de la guerra de Corea), en su gobierno creó algunos organismos destinados a activar la economía: el Ministerio de Minería, el Banco del Estado, la Corporación de la Vivienda (CORVI) y el Instituto de Seguros del Estado, la Superintendencia de Educación, la Empresa Nacional de Fundiciones y el Departamento del Cobre.
A favor de los trabajadores se estableció la asignación familiar obrera y el salario mínimo campesino. Se reformó la ley electoral y se estableció la cédula única oficial de votación. Se derogó la ley de defensa de la democracia promulgada por el gobierno de González Videla, por lo que en 1958 el Partido Comunista volvió a la legalidad.
La cadena de alzas de precios decretadas por el gobierno a comienzos de abril de 1957 levantaron una ola de protestas y asonadas en Santiago, Valparaíso y Concepción, con un saldo considerable de muertos y heridos. Ello contribuyó al desprestigio y posterior derrota electoral de un gobierno que se había iniciado bajo un clima de esperanza y popularidad, y que terminó en el más absoluto aislamiento.
En 1903, ingresó como alumno en la Academia de Guerra. Ese mismo año fue destinado en la misión militar chilena en El Salvador. Posteriormente desempeñó en Chile los cargos de director de la Escuela de Carabineros en 1918, prefecto de policía de Iquique (1919-1920) y director de la Escuela de Caballería (1921). Siendo mayor del ejército formó parte del comité militar creado para presentar las preocupaciones militares ante el gobierno, y en esa condición participó en los pronunciamientos del 5 de septiembre de 1924 y del 23 de enero de 1925. Ascendió a teniente coronel y a coronel rápidamente a raíz de este último pronunciamiento, en el cual se llamó de nuevo a Arturo Alessandri para que completara su período presidencial y se emprendiera la reforma de la Constitución de 1833. Alessandri designó a Ibáñez en la cartera de Guerra.
No tardó en producirse la ruptura entre el presidente y su ministro de Guerra que, junto con otros hechos, condujo a la renuncia de Alessandri y a su reemplazo por el vicepresidente Luis Barros Borgoño, del cual Ibáñez continuó siendo ministro de Guerra. La gestión de Barros Borgoño sólo duró dos meses, y en diciembre de 1925 fue elegido presidente de la República Emiliano Figueroa: Ibáñez continuó con su cartera ministerial.
De este cargo pasó a ministro de Interior, lo que le llevó a la vicepresidencia de la República cuando Figueroa decidió renunciar. Aceptada la renuncia por el Congreso, Ibáñez convocó a elecciones presidenciales. Desbaratados los partidos políticos, desorganizadas las fuerzas obreras y cansada la opinión pública de gobiernos débiles, el coronel Ibáñez fue el único candidato. Triunfó sin competidor con el 98% de los votantes. Tomó posesión del mando el 21 de julio de 1927, a la edad de 50 años.
Después de cuatro años de trastornos políticos y sociales, la principal preocupación de Ibáñez en el gobierno fue el "restablecimiento del orden", por lo cual reprimió con energía cualquier intento opositor. Designó en el Ejército y la Armada a hombres de su confianza, con lo que se aseguró el respaldo de las Fuerzas Armadas, y deportó a políticos y dirigentes de tendencias diversas. Si bien su ideología era más bien conservadora, no tenía compromisos con los partidos políticos. Como parte de su preocupación por el orden público dictaminó la formación de Carabineros de Chile y organizó los servicios de investigaciones, dando especial importancia a la sección de policía política.
Se estableció una división territorial de la República en sólo 16 provincias, suprimiéndose pues siete de las existentes. Se creó la Contraloría General de la República y la Dirección General de Aprovisionamiento del Estado. El Congreso se dejó avasallar y permitió que el ministro de Hacienda ejercitara su exclusiva acción en materia de gastos, reorganización de la administración pública y fijación de sueldos. Permitió, además, que para el siguiente período parlamentario se designara un Congreso dócil al Ejecutivo, el "Congreso Termal", que resultó todavía más débil que el anterior: concedió autorización para que la presidencia dictara todas las disposiciones legales de carácter administrativo y económico que exigiera la buena marcha del Estado.
Disponiendo de amplias atribuciones, el gobierno pudo realizar un vasto plan de inversiones en obras públicas, como ferrocarriles, obras de regadío y de puertos, alcantarillado, agua potable, cárceles, escuelas, la casa presidencial de Viña del Mar, el Ministerio de Hacienda, etc. Además aumentó el sueldo de las Fuerzas Armadas y adquirió nuevo armamento.
En el plano educacional se creó la Dirección General de Educación Secundaria, que tomó a su cargo los liceos, hasta ese momento dependientes de la Universidad de Chile. En el orden internacional, uno de los aspectos más relevantes fue la firma del tratado de Lima (1929), por el cual se ponía fin al problema existente desde los días de la guerra del Pacífico (1879-1883) en torno a la soberanía de las provincias de Tacna y Arica. En virtud de dicho tratado, Tacna quedó bajo la soberanía de Perú, y Arica, de Chile.
El problema mayor del gobierno fue la necesidad de solucionar la crisis económica mundial del 1929, especialmente en lo relativo a la baja en las ventas de salitre, del cual Chile era el principal productor mundial. Para ello se formó la Corporación del Salitre de Chile (COSACH), en la cual figuraban como socios el fisco y las compañías salitreras. Con estas medidas, el gobierno esperaba poder pagar los créditos que había contratado para financiar el programa de obras públicas. La crisis determinó la caída del régimen. Un movimiento de opinión unió a los profesionales, empleados, estudiantes y obreros que pedían el restablecimiento de las libertades públicas, lo que fue respondido con una fuerte represión.
Finalmente presionado por el clamor popular, el 26 de julio de 1931 lbáñez renunció y se refugió en Argentina. El presidente del senado, Pedro Opazo Letelier, asumió como vicepresidente por algunas horas, en las cuales designó un gabinete presidido por el catedrático radical Juan Esteban Montero, quien, a su vez, en su calidad de ministro del Interior pasó a ocupar la vicepresidencia de la República.
La segunda administración de Ibáñez comprende de 1952 a 1958. Pese a contar con 75 años su candidatura despertó gran entusiasmo en la población: fue llamado "El General de la Esperanza", ya que prometía sacar al país de la falsa democracia a la que se había visto abocado por el gobierno de Gabriel González Videla. Ibáñez tenía en su contra varios factores: su pasado involucionista y dictatorial, su ideología conservadora con matices fascistas y su admiración por el dictador argentino Juan Domingo Perón. Sin embargo, en las elecciones de 1952, obtuvo los votos necesarios para acceder de nuevo a la primera magistratura de Chile.
A pesar de las dificultades que el mandatario debió afrontar, derivadas de la mala situación económica del país (asociada a la crisis en el precio del cobre, por el término de la guerra de Corea), en su gobierno creó algunos organismos destinados a activar la economía: el Ministerio de Minería, el Banco del Estado, la Corporación de la Vivienda (CORVI) y el Instituto de Seguros del Estado, la Superintendencia de Educación, la Empresa Nacional de Fundiciones y el Departamento del Cobre.
A favor de los trabajadores se estableció la asignación familiar obrera y el salario mínimo campesino. Se reformó la ley electoral y se estableció la cédula única oficial de votación. Se derogó la ley de defensa de la democracia promulgada por el gobierno de González Videla, por lo que en 1958 el Partido Comunista volvió a la legalidad.
La cadena de alzas de precios decretadas por el gobierno a comienzos de abril de 1957 levantaron una ola de protestas y asonadas en Santiago, Valparaíso y Concepción, con un saldo considerable de muertos y heridos. Ello contribuyó al desprestigio y posterior derrota electoral de un gobierno que se había iniciado bajo un clima de esperanza y popularidad, y que terminó en el más absoluto aislamiento.
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